Pérdida de seres queridos

El duelo

El duelo es el proceso por el cual nos separamos emocionalmente de algo que formaba parte de nuestra identidad y que, de pronto, ha desaparecido.

Los duelos no tienen que ser necesariamente por muertes, sino que pueden corresponder a cualquier tipo de pérdida de algo importante y que forme parte de nuestra identidad. Hay personas que acuden a un psicólogo por un despido, por una separación o por la pérdida de un estatus económico. En general duelo es despedida.

Los procesos de duelo ser caracterizan por el proceso de asumir la pérdida tanto a nivel de concepto (acepto que ya no está) como a nivel emocional (viviendo el dolor de la pérdida hasta que al fin pasa). Muchas personas aceptan la pérdida en un nivel de su conciencia, pero no necesariamente en todos. Esto, aunque parezca extraño, es muy frecuente en consulta.

Superar el duelo

Superar el duelo

Las etapas del duelo

Generalmente las conocidas etapas del duelo son ciertas, son muy comunes:

  1. Negación
  2. Negociación
  3. Ira
  4. Tristeza
  5. Aceptación

En ocasiones una persona pasa por una o varias de estas fases en minutos u horas, con lo cual puede pasar desapercibido a los demás, pero sí han tenido lugar. Esto no significa que si las etapas no se pasan exactamente así haya algún problema.

Como se trabaja el duelo

En general el trabajo con las personas que se encuentran en esta situación se centra en:

  • Acompañar en el proceso de duelo, y si hay una etapa “atascada”, detectarlo.
  • Dar lugar a la expresión emocional necesaria, aunque cueste aguantar escuchando el dolor.
  • Corregir sentimientos dañinos desde su fuente: culpa propia, culpa de alguien, vergüenza, sensación de que uno se debe ir detrás del fallecido, sentimientos contradictorios.
  • Reorganizar la vida sin esa persona o cosa: ir viendo actividades y rutinas diarias que hay que devolver.
  • Entrenar en expectativas adecuadas sobre el proceso: subidas y bajadas, fechas especiales.

Cuando es necesaria la terapia

Esta terapia en general es especialmente adecuada cuando ocurre algo así:

  • Relación de dependencia con el difunto
  • Sentimientos de culpa real o irreal
  • Sentimientos de reproche por no haber ayudado
  • No querer cambiar nada del difunto pasados los años o cambiarlo todo en 24 horas
  • No hablar nunca del muerto o hablar todo el rato
  • Muertes muy inesperadas o de personas muy jóvenes
  • Muertes por suicidio (avisado o no)
  • Muertes por procesos de demencia o enfermedades terminales o muy largas
  • Si el superviviente se enfrasca sin fin en demandas e investigaciones
  • No volver al trabajo o a las costumbres habituales pasado un cierto tiempo

El objetivo de la terapia no es, como alguien podría pensar, “forzar” a la persona a olvidarse de su amigo o familiar, sino a darle un lugar de amor en la memoria retomando la vida normal.

Verdaderamente, ni aunque se quisiera se podría olvidar a alguien a quien se ha querido mucho, pero si es necesario promover una memoria agradecida, sana y sin culpas o reproches.

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